En un país donde la crisis nos despierta cada día y la subida del IVA azota la cultura, la industria cinematográfica vive una fase en la que no encuentra su camino hacia el futuro. De la esperanza por los últimos éxitos obtenidos con taquillazos como Lo imposible o Las aventuras de Tadeo Jones y las buenas noticias de las que han venido acompañados (en 2012 se ha dado la mayor cuota de recaudación de los últimos 27 años, con un 17’9%), la desproporcionada subida del IVA cultural y la dificultad para llevar adelante nuevos proyectos hacen que el cine español se encuentre en tierra de nadie. En una tierra en la que hay cosas que celebrar pero mirando a un futuro que no parece nada esperanzador.
Culpa de esta situación deriva de los recortes en el Fondo Nacional de Cinematografía de donde provienen las ayudas a este sector. En 2011 se destinaron 76 millones y en 2012, 49 millones. Este año la balanza ha bajado hasta los 39,8 millones lo que hace que en apenas dos años se haya sufrido una disminución en el presupuesto de casi el 50%.
Y como espectadoras de lujo de todo este escenario que se está viviendo están las salas de cine, el baremo real donde la sociedad puede medir hasta donde puede estar llegando la situación. En el último año más de un centenar de salas han tenido que dejar sus pantallas en negro, testigos del aumento de precios en las entradas y por consiguiente bajada de espectadores que acudían al cine.
Parece que aunque el cine se haya renovado y sea el año en el que una película de producción nacional haya batido todos los récords en nuestras fronteras (consiguió ser el mejor estreno de la historia de la taquilla española con 1,35 millones de espectadores en su primer fin de semana, y es la película española más taquillera de todos los tiempos), lo imposible parece ser que el cine viva su época de oro en los próximos años.
Pedro Sáiz Martínez
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